Las temperaturas extremas suelen agotarnos a personas y animales, pero ¿sabías que tu vehículo también sufre bajo estas circunstancias?

Suponemos que sabes lo importante que es el hecho de que el interior de nuestro coche esté a una temperatura idónea. Es algo que todos hemos experimentado cuando aparcamos al sol en horas de mucho calor y hemos olvidado poner el parasol, aunque en este caso creemos que los perjudicados somos únicamente nosotros porque afecta a nuestro confort (pasamos calor, nos quema el volante, etc.). Ni qué decir tiene que buscar sombra al aparcar nos aliviará a la hora de volver a coger el coche, pero además este nos lo agradecerá y vamos a explicarte por qué:

 

Interior del habitáculo y carrocería.

  • Revestimientos interiores. Si los protegemos todo lo que podamos del sol, se mantendrán en buen estado durante más tiempo. El salpicadero, junto con la bandeja trasera, es una de las zonas más expuestas a la radiación directa, por lo que deberemos usar el parasol y revisar el estado de los cristales antes de la época estival (si estos tuvieran algún mínimo daño aparentemente sin importancia, podrían abrirse fácilmente bajo una jornada larga de sol).
  • Carrocería. También nos agradecerá que busquemos una sombrita, pues la temperaturas muy altas deterioran bastante la pintura y otros elementos, como las escobillas limpiaparabrisas, las gomas de las juntas de las puertas, los faros y los pilotos. Estos últimos se vuelven opacos y pierden su función. Existen ceras que absorben los rayos ultravioletas que podemos utilizar a la hora de lavar nuestro coche, pero aún con todo, es mejor si podemos evitar tenerlo durante mucho tiempo bajo temperaturas extremas porque con el sol, la pintura pierde el brillo y también la intensidad del color, sobre todo si es roja, amarilla, negra o blanca.

 

Elementos mecánicos.

Como ves, los materiales externos del vehículo se estropean en contacto directo y prolongado con el sol, como lo hace nuestra piel o cualquier objeto. Ahora bien, seguro que lo que no sabías es la cantidad de elementos mecánicos que también lo pasan mal con el calor y aquí es donde podemos encontrarnos con averías que pueden llegar a amargarnos las vacaciones.

  • El motor. Cuando supera ciertas temperaturas, el motor no solamente pierde potencia, sino que además aumenta el consumo de combustible. Es importante que vayamos vigilando regularmente la temperatura del motor y llevar siempre limpio el filtro del aire, ya que si se aproxima demasiado a la zona roja podría llegar a quemarse el motor. Por eso es también muy importante mantener en buen estado su sistema de refrigeración y el electroventilador. Evita circular en marchas largas y antes de viajar, revisa los manguitos y cambia los que estén resecos. Es conveniente también llevar contigo líquido refrigerante. Si se calienta mucho el motor en marcha, enciende la calefacción para que el agua del motor pase por el radiador y baje la temperatura. Si esto no hace que bajen los grados, para el vehículo antes de tener una avería más seria de culata.
  • El turbo. Es peligroso apagarlo de golpe tras un buen rato conduciendo al rojo vivo, pues el aceite que lo refrigera se carboniza. Por este motivo, deja encendido unos minutos el coche siempre que tengas que parar (a repostar, en un control, en un peaje, etc.) para refrigerarlo.
  • La batería y el alternador. Es habitual el fallo de estos elementos bajo condiciones de calor extremo. Un uso excesivo del sistema eléctrico puede estropearlos. En estos casos, es recomendable llamar a un taller profesional para cambiarlos.
  • El aire acondicionado. Es desaconsejable poner el aire acondicionado al máximo, pues el sistema trabajará más forzado y puede deteriorar sus tuberías. Además de su deterioro, si abusamos de él, el compresor restará más potencia al coche. Abrir las ventanillas un poco antes de poner el aire acondicionado ayudará a que el sistema no se tenga que esforzar y trabajar más de la cuenta. Otro punto a tener en cuenta es mantener limpios el filtro del habitáculo y la rejilla delantera con el fin de no obstaculizar la entrada de aire. Además, debemos encenderlo de vez en cuando también en invierno, pues es precisamente cuando está inactivo, cuando se generan muchas averías de climatización o aire acondicionado al resecarse las juntas de estanqueidad.
  • Las ruedas. Para alargar la vida útil de nuestros neumáticos, debemos evitar una conducción brusca y vigilar la presión de manera regular. La propia goma se calienta cuando hace mucho calor, pero además, si el asfalto quema mucho, la banda de rodadura se desgasta y el neumático se deshincha más deprisa de lo normal. Si conducimos dando frenazos o giros violentos o los llevamos medio desinflados, esto acelerará mucho el desgaste y también aumentará la posibilidad de sufrir un reventón. Consulta aquí cómo actuar en caso de sufrir un pinchazo.
  • Los frenos. La refrigeración de los frenos de nuestro coche es esencial para su mantenimiento y obviamente, el calor la dificulta. En bajadas con mucha pendiente o trayectoria, es conveniente hacer uso del freno motor poniendo marchas cortas, pues las pastillas se sobrecalientan al rozar contra el disco y pueden llegar a deformarlo. Si el líquido de frenos tiene más de dos años, cámbialo también, ya que con el tiempo aumenta la proporción de agua en su composición y puede hervir y quedarnos sin frenos.

Esperamos que te sirvan todos estos consejos para evitar las averías más frecuentes en periodo estival. Así y todo, no olvides revisar todos estos elementos en tu taller de confianza antes de que llegue el calor, así como también los niveles de aceite y otros líquidos, las luces y los limpiaparabrisas. Si estás a punto de irte de vacaciones y vas a coger el coche, no te pierdas nuestra Guía útil para un viaje sin incidentes 😉